OBRA

Hay que vivir y ser siempre de nuestro tiempo, jamás en pasado, sino en presente y futuro.
Hay jóvenes que pintan como si tuvieran cien años y gente mayor que pintamos con frescura de juventud, mantenemos ese espíritu.

 

Laura Elenes

Cuatro Hilos Sostienen tu Vida

Acrílico y manta de cielo sobre fibracel  0.80 x  0.80 m tríptico

Colección Michel Descombey Gladiola Orozco

El Arte Salva al Humano

 

La última entrevista, es un recorrido por su vida artística, publicada un par de meses antes de su muerte, en la Revista Personae, donde nos deja un testimonio de su sentir y pensar:

“...De pronto sentí la atracción obsesiva de dejarme atrapar en las dualidades, intuidas al principio, evidentes después, de aquel finísimo tejido elevado a exquisita textura. Pero tendría que ser de la misma forma en que hacía siglos quedó apresado el Tlacuilo: desgarrado y sólido; desafiante y desafiado, herido, pero heroico, pleno de vida. Vivencias traídas del pasado para ser lanzadas al futuro, preciosamente plasmadas con evidentes intenciones de honrar la vida.
La emoción fue golpe contundente. Me conmovió descubrir que dejó de ser humilde sierva, para convertirse en reina esplendorosa de mágicos mundos de luz y color, de vida en libertad plena, con historias de formidable sufrimiento y extraordinarias victorias que, desde su trono, narra con lenguaje propio. Hay que vivir y ser siempre de nuestro tiempo, jamás en pasado, sino en presente y futuro.
Hay jóvenes que pintan como si tuvieran cien años y gente mayor que pintamos con frescura de juventud, mantenemos ese espíritu.

Me fascinó la elevación estética de aquella rústica tela que, durante centurias, fue vulgar material de construcción de los cielos rasos, endurecidos con baños de cal, de las alcobas y
los salones de las magníficas casonas de los siglos XVI hasta principios del XX, igual que delicada, noble, talega interpuesta entre otro tejido más burdo, para evitar la irritación que en la
piel de los niños recién nacidos provocan sus incontroladas excreciones, ahora casi en desuso por la tecnología de los desechables.

 

Sí, la manta de cielo, la tela-textura que me conmovió, pudo, por fin, tener su propio lenguaje y expresarse por sí misma gracias a aquella mujer rebautizada con su propio nombre: Laura Elenes, bajo la égida del primer Tlacuilo cristianizado, Marcos Cipactli, a manos y voz del Tlacuilo del siglo XX, amador de la historia de la amalgama india-hispánica, plasmada en abrazos de vida y muerte, pero al fin y al cabo abrazos en su muralismo monumental, Jorge González Camarena, cuya memoria alcanza significados como el de su propia transformación como pintora: -Lo recuerdo con enorme cariño, por su gran enseñanza. No fue mi maestro, no me enseñó a pintar, ni jamás hizo nada por impulsarme, pero yo lo vi pintar. Vi como construía sus cuadros.

Fue un amistad muy fuerte que marcó mi vida.
Llegué a la cita con tiempo suficiente para recorrer la espaciosa sala de exposiciones de la sede del IMSS. La hora propició la ausencia de espectadores y empleados para que yo y mi soledad disfrutáramos cada cuadro de las tres decenas expuestas por Laura Elenes.
No nos conocíamos, salvo por las vagas referencias hechas por Diana Martha Calleja, la experta en arte del Instituto. Cuando descubrí la figurita enfundada en un conjunto negro, rostro blanco, blanquísimo, cuyos ojos despedían elocuentes brillos de energía y vida, supe que era ella. -La maestra Laura Elenes: –Sí señor, llegué quince minutos antes de la cita, porque me encontraba en una reunión cerca de aquí.
Acordamos sentarnos en la amplia grada de piedra negra
en ella: -Un espíritu de gran frescura y juventud, porque lo que usted hace no tiene edad. –Ríe como preparatoriana para decirme con coquetería: -La edad la guardo. Es verdad. Creo que el arte no tiene edad. Hay gente muy joven que pinta como si tuviera cien años. Y gente que somos mayores y pintamos con la frescura de la juventud.
- ¿Cómo se logra?: –Provoco en ella otra risueña respuesta:
-Yo creo que manteniendo el espíritu muy joven, siendo y viviendo en su tiempo. Jamás en pasado. Siempre en presente y futuro. Yo utilizo mi pasado para traerlo al presente para lanzarlo al futuro. Claro, no me comparo con Picazo, un viejo de noventa años que pintaba como niño. Mantenía fresco su espíritu, siempre estuvo en su tiempo. Muchas veces, cuando algunos artistas van adquiriendo edad, se les va olvidando que siguen vivos y vigentes. ¿Yo? Soy contemporánea de un recién nacido, estamos viviendo al mismo tiempo.
- Dice que es muy fácil: conservando la frescura. Ajá ¿Pero? ... -Pero, cómo la conservo ¿Verdad? Ja, ja, ja, ja... –Sí... ¿Cuál es el secreto?: – Ese. El máximo secreto es nunca apartarse de su tiempo. Siempre estar conviviendo con el tiempo. –Con un gran amor, de un gran fervor: -¡Por supuesto! Por la vida. Claro.
Cuando dice esto renuevan mi memoria los cuadros admirados hacía minutos y sin pensarlo, simplemente volcando mi emoción, me escucho decirle atropelladamente: -Porque la vida es la que nos da luz, emoción, música, literatura, todo lo que puede convertirse en arte es una creación de vida. ¿Es así? –Reafirmo su gran bondad cuando que da paso al vestíbulo del edificio posterior,rodeados de los bien cuidados jardines, envidia de las más decoradas mansiones de los suburbios del poniente citadino.

 

No sé porqué no me asombra escuchar su gran elocuencia, propiedad, sencillez y concreción, ni oírla referir sin petulancia que fue, durante veinticinco años, catedrática de la UNAM en el tema de los principios estéticos mexicanos en su posibilidad de aplicación al diseño, a pesar de lo cual es incapaz de decirle a nadie lo que debe hacer, salvo enseñar a sus discípulos a formarse a sí mismos.
No aguardé, no pude, más tiempo, para confesarle el impacto que me causó su obra.
Luego, sin ánimo erudito, no lo soy le aclaro, y le digo que a través de sus pinturas adivino confirma comedida mis obviedades: -Por supuesto. Así es.
Crece mi deseo de seguir hurgando el espíritu de esta excepcional mujer, además, con su permiso.
-Usted, que tan bien usa los lenguajes ¿Cómo y dónde se situaría?: -Hablando de escuelas, me inscribo en lo abstracto, y un poco en lo matérico, puesto que utilizo la materia.
Utilizo la manta de cielo, en todas sus multiposibilidades. Es polifacética. Lo mismo la utilizo muy rígida, muy almidonada, muy cerrada, que muy abierta o muy suave, que cae. Lo importante es trabajar a través de las transparencias y los efectos visuales. En una forma limpia.
Le confío mis experiencias domésticas de niño.
Como la recuerdo cual tira de gasa suave tras lavarse varias veces antes de ponerlo entre el pañal de franela y la piel del bebé: -Sin embargo, usted le imprime gran nobleza, jerarquía de arte, textura finísima. La transforma en imágenes sutiles de drama, energía, amor y vida. ¿Cómo lo logra?:
-Es algo muy interesante.  Soy muy amante de mi pasado prehispánico.

Escape de Ataduras

Acrílico y manta de cielo sobre fibracel 1.20 x 1.20

Colección Juan Carlos Arriaga

© 2013-2019 ceromaya.com   All rights reserved  Laura Elenes / Silvia Elenes